Una de las mayores ventajas de un programa de formación profesional es contar con un mentor: un profesional con experiencia que te enseña los entresijos del oficio. Puede marcar la diferencia entre simplemente salir del paso y destacar de verdad en tu nueva profesión.
Ten en cuenta, sin embargo, que una buena mentoría es una relación bidireccional. Si quieres sacar el máximo partido a tu relación con tu mentor, debes estar dispuesto a aprender.
Así es como puedes hacerlo:
No todos los mentores tienen experiencia como mentores, ni es este su único trabajo. Sí, tu aprendizaje es toda tu carrera, pero para tu mentor, es una de las muchas cosas de las que se ocupa. Sé paciente a la hora de desarrollar esta relación. Sé paciente con su tiempo. Puede que tengan años de experiencia en su campo, pero eso puede que no incluya la mentoría. De hecho, en campos de aprendizaje más nuevos, es poco probable que ellos mismos hayan pasado por un aprendizaje.
Sé paciente con tu mentor y podréis crecer juntos.
Tu mentor está dedicándote parte de su tiempo para enseñarte, así que ponle las cosas fáciles:
Llega unos minutos antes
Ten las herramientas y el equipo listos, ya sean batas médicas o un casco de seguridad
Prepárate mentalmente para trabajar y aprender
Incluso algo tan sencillo como llevar la indumentaria adecuada y traer un cuaderno demuestra que te lo tomas en serio.
Las preguntas son buenas. Pero intenta que sean preguntas reflexivas, no solo «¿Y ahora qué?». Quieres llegar al «por qué» de tus tareas. «¿Por qué lo medimos así?», «¿Por qué gestionamos nuestro código de software de esa manera?», «¿Cómo revisas tu trabajo antes de terminarlo?».
A los mentores les encanta la curiosidad: demuestra que te importa aprender de la manera correcta. A veces, puede ser algo en lo que ellos mismos tengan que pensar (véase el paso 1).
Al principio, es posible que te asignen (léase: te asignarán) «tareas rutinarias». No pasa nada.
No pongas los ojos en blanco. Hacer bien lo básico genera confianza. Todo el mundo empieza con tareas rutinarias, desde electricistas hasta ingenieros de software. Tómate estas tareas en serio y te ganarás el respeto y la responsabilidad para realizar trabajos más complejos.
Al igual que con la crianza de los hijos, los mentores no quieren tener que repetirse una y otra vez. Graba esos comentarios en tu memoria.
Tienen años de experiencia y a menudo enseñan a través de pequeños comentarios y demostraciones. Presta atención a los detalles, aunque parezcan insignificantes.
No tienes que exagerar, pero un simple «Gracias por enseñarme eso hoy» vale mucho. La gente recuerda a los aprendices que respetan su tiempo.
Tu mentor es tu atajo hacia la maestría. Acude preparado, haz buenas preguntas, realiza las pequeñas tareas como un profesional, y ellos se esforzarán aún más por ayudarte a tener éxito. En unos años, quizá seas tú el mentor que transmita esas lecciones a otra persona.